Un bebé sonríe por primera vez de manera intencionada entre las seis y las ocho semanas, y a veces hasta las doce semanas en el caso de un bebé nacido prematuramente. Antes de eso, las sonrisas observadas desde el nacimiento son sonrisas reflejas, sin intención comunicativa. Distinguir entre ambas es sencillo una vez que se sabe qué observar.
La sonrisa refleja de las primeras semanas
Desde los primeros días, e incluso dentro del útero, el recién nacido estira las comisuras de los labios. Este movimiento aparece sobre todo durante el sueño paradójico, en las fases de somnolencia o después de una toma. No va dirigido a nadie.
Esta sonrisa es breve, asimétrica y no implica a los ojos. Aparece sin desencadenante externo y desaparece con la misma rapidez. Los padres suelen interpretarla como una respuesta; en realidad, es una descarga motora relacionada con la maduración del tronco encefálico.
Eso no significa que carezca de importancia. Estos movimientos ejercitan los músculos de la cara y preparan los circuitos que servirán para la sonrisa voluntaria. El reflejo precede a la función, como ocurre con la marcha automática o la succión.
La sonrisa social: qué cambia entre las seis y las ocho semanas
La sonrisa social es una sonrisa dirigida a alguien. Aparece en respuesta a un rostro humano, una voz familiar o una mirada sostenida. Es el primer acto de comunicación verdadero del bebé.
Tres señales la distinguen del reflejo. Implica todo el rostro, incluido el contorno de los ojos, que se arruga. Aparece durante un momento de vigilia tranquila, en presencia de alguien. Y se repite si se retoma el intercambio.
Esta etapa coincide con un avance visual decisivo. Alrededor de los dos meses, el bebé fija durante un tiempo prolongado un rostro situado a treinta centímetros y empieza a distinguir sus contrastes internos. Detallamos este calendario en nuestro artículo sobre la visión del bebé de 0 a 12 meses.
A qué edad sonríe el bebé: referencias etapa por etapa
Desde el nacimiento hasta las seis semanas
Sonrisas reflejas, breves y frecuentes durante el sueño. No tienen valor comunicativo. El bebé ya fija la mirada en los rostros, pero todavía no responde.
De seis a doce semanas
Aparece la sonrisa social. El bebé responde a un rostro inclinado sobre él, siempre que esté tranquilo y despierto, ni hambriento ni cansado. Los intercambios siguen siendo breves, de unos pocos segundos.
De tres a cuatro meses
Las vocalizaciones acompañan a la sonrisa. El bebé inicia el intercambio en lugar de limitarse a responder. Aparecen las primeras carcajadas, a menudo durante el contacto físico o los juegos de sorpresa.
De cinco a ocho meses
La sonrisa se vuelve selectiva. El bebé sonríe más fácilmente a los rostros familiares y muestra cierta reserva ante los desconocidos. Esta reserva, que alcanza su punto máximo alrededor de los ocho meses, es un signo de buen desarrollo.
Después de los nueve meses
La sonrisa se integra en intercambios más complejos. El bebé mira alternativamente al adulto y a un objeto, y después sonríe. Esta atención conjunta prepara el lenguaje, como explica nuestro artículo sobre el desarrollo del lenguaje.
¿Por qué mi bebé todavía no sonríe?
En la gran mayoría de los casos, porque es demasiado pequeño, está cansado o se le estimula en un momento inadecuado. La sonrisa social requiere un estado de vigilia tranquila, que solo representa una pequeña parte del día de un bebé.
En el caso de un bebé nacido prematuramente, la referencia se calcula según la edad corregida y no la edad real. Un bebé nacido a las treinta y dos semanas sonreirá socialmente alrededor de los dos meses de edad corregida, es decir, aproximadamente cuatro meses después de su nacimiento. Nuestro artículo explica cómo calcular la edad corregida.
El temperamento también influye. Algunos bebés sonríen poco, pero mantienen la mirada durante mucho tiempo, vocalizan y se calman con el contacto. Lo importante es la combinación de estas tres señales, no la sonrisa aislada.
Cómo favorecer los intercambios sin forzar
El recurso más eficaz es el cara a cara. Coloque su rostro a unos treinta centímetros, en el eje de la mirada del bebé, y deje un momento de silencio después de hablar. Ese silencio es lo que permite que el bebé responda.
Muchos padres encadenan los estímulos sin dejar espacio. El bebé, saturado, aparta la cabeza. Este gesto no es un rechazo, sino una forma de autorregulación: necesita una pausa para procesar la información recibida.
Los momentos en el suelo se encuentran entre los más propicios. Tumbado boca arriba o boca abajo sobre una alfombra de actividades firme, el bebé no tiene que luchar contra la gravedad para mantener la cabeza. Así puede dedicar su energía disponible al intercambio visual.
Nuestras sugerencias de actividades adaptadas a este periodo aparecen en el artículo alfombra de actividades de 0 a 6 meses. Requieren poco material y mucha disponibilidad.
Qué indica la sonrisa sobre el desarrollo
La sonrisa social es un indicador simultáneo de varias funciones. Presupone una visión suficiente para percibir un rostro, una audición que asocie la voz con la presencia y una regulación emocional lo bastante estable como para permanecer tranquilo y despierto.
También presupone una memoria de reconocimiento incipiente. El bebé que sonríe más a sus padres que a un rostro nuevo ha memorizado sus rasgos. Este trabajo de reconocimiento continúa durante mucho tiempo, hasta la identificación de sí mismo en el espejo, alrededor de los dieciocho meses.
Por último, la sonrisa favorece la imitación. Un bebé que ve sonreír a un adulto tiende a reproducir la expresión, lo que refuerza el intercambio. Este mecanismo se describe en nuestro artículo sobre la imitación en el bebé.
Cuándo hablar con un profesional
Está justificado pedir una opinión médica si no aparece ninguna sonrisa dirigida a los tres meses de edad corregida. También si una sonrisa que ya estaba presente desaparece de forma prolongada o si el bebé nunca busca la mirada.
Estas situaciones no significan necesariamente que exista un trastorno. Justifican una evaluación, ya que la detección temprana mejora notablemente el acompañamiento. Las referencias oficiales francesas se recuerdan en nuestro artículo sobre la detección de los trastornos del neurodesarrollo.
El médico de familia, el pediatra y los servicios de protección maternoinfantil son los primeros interlocutores. Además, las revisiones obligatorias incluyen una evaluación de estas interacciones, sin que los padres tengan que solicitarla.