Dormir al bebé al aire libre durante la siesta es una práctica habitual en Dinamarca, Noruega, Suecia y Finlandia. El bebé se coloca en un cochecito, en un balcón o en un jardín, bien abrigado, incluso con temperaturas bajo cero. Los padres consideran que así duerme más tiempo y respira mejor.
La pregunta que interesa a los padres franceses es sencilla. ¿Esta costumbre se basa en datos y se puede aplicar aquí sin correr riesgos? Esto es lo que sabemos, lo que ignoramos y las condiciones que deben respetarse.
¿De dónde viene la siesta al aire libre?
En Finlandia, esta práctica se extendió a partir de la década de 1920. El pediatra Arvo Ylppö, fundador de la red finlandesa de consultas para bebés, la recomendaba como una forma de combatir las infecciones respiratorias en viviendas hacinadas y mal ventiladas.
Después se consolidó como una norma social. Hoy, en gran parte de Escandinavia, los cochecitos aparcados delante de las cafeterías o las guarderías no sorprenden a nadie. Algunas guarderías nórdicas organizan la siesta al aire libre durante todo el año.
Por tanto, no se trata de un método de puericultura vendido por alguien. Es una antigua costumbre cultural, nacida en un contexto sanitario concreto.
¿Qué dicen los estudios disponibles?
Las investigaciones más completas proceden de la Universidad de Oulu, en Finlandia. Marjo Tourula dedicó una tesis y varios artículos a esta práctica entre 2008 y 2013.
El resultado más citado se refiere a la duración. Las siestas al aire libre son más largas que las que se hacen en interiores, en ocasiones notablemente más largas. Los estudios de Oulu sitúan en torno a menos cinco grados la temperatura asociada a las siestas más prolongadas.
Otro apartado analizó la temperatura cutánea de los niños y el aislamiento real de la ropa. El objetivo era comprobar que el niño no se enfriara. Las mediciones muestran que la ropa utilizada por las familias cumple esta función en las condiciones estudiadas.
Lo que estos estudios no demuestran
Hay que ser precisos sobre el alcance de estos resultados. Son estudios observacionales, de pequeño tamaño, realizados en un clima y una cultura concretos. Describen una práctica, pero no demuestran un beneficio para la salud.
Ningún dato sólido demuestra que dormir la siesta al aire libre reduzca las infecciones respiratorias. La explicación que suele darse —el aire frío exterior contiene menos virus que el aire confinado de una habitación— es plausible, pero no está demostrada en bebés.
Por último, una siesta más larga no es automáticamente una siesta mejor. En un niño que duerme mal por la noche, alargar las siestas puede desplazar el problema. Abordamos este equilibrio en nuestro artículo sobre cómo organizar las siestas del bebé.
¿Es seguro dormir al bebé al aire libre?
Las normas de sueño seguro no cambian por estar al aire libre. Se aplican exactamente igual y tienen prioridad sobre cualquier consideración cultural.
El niño debe dormir boca arriba, sobre una superficie plana y firme, sin almohada, sin protectores alrededor del capazo y sin mantas que puedan subirle hasta la cara. Estos puntos se detallan en nuestro artículo sobre el sueño seguro del bebé.
Se suman tres riesgos propios del exterior. El primero es el sobrecalentamiento, más frecuente que el enfriamiento: un niño demasiado abrigado, dentro de un capazo cerrado y expuesto al sol. El segundo es la obstrucción del aire por una manta colocada sobre la capota para dar sombra. El tercero es la falta de supervisión.
Condiciones que deben cumplirse
La supervisión debe ser efectiva. Un vigilabebés de audio o vídeo, una ventana abierta o pasar a comprobarlo con frecuencia: el niño nunca debe quedar fuera de nuestro alcance.
Hay que vestirlo por capas y utilizar un método de comprobación sencillo. Toque la nuca del niño, no las manos ni los pies, que siempre están más fríos. La nuca debe estar templada y seca. Si está sudada, sobra una capa.
La cara debe quedar despejada y al aire libre. No coloque una manta sobre la capota ni cierre la cubierta impermeable si no llueve. La circulación del aire es prioritaria.
Por último, la duración debe ser razonable. Una siesta, no toda la mañana. Tampoco debe dormir al aire libre con viento fuerte, placas de hielo, un episodio de contaminación elevada o si está enfermo o tiene fiebre.
¿A partir de qué edad y con qué temperatura?
No existe un umbral oficial en Francia. En los países nórdicos normalmente esperan unas semanas de vida y que el aumento de peso esté bien establecido. Los recién nacidos regulan mal su temperatura, por lo que conviene extremar la prudencia.
En cuanto a la temperatura, las familias nórdicas suelen detenerse alrededor de los menos diez grados. En Francia, la cuestión rara vez se plantea en esos términos. El clima del territorio continental lo hace mucho más sencillo: una siesta en un balcón a cinco grados, con la ropa adecuada, no presenta ninguna dificultad especial.
En realidad, aquí el caso contrario es más delicado. En verano, un capazo colocado al sol aumenta de temperatura muy rápidamente. Detallamos estas precauciones en nuestro artículo sobre el bebé y las altas temperaturas.
¿Hay que hacerlo?
No es obligatorio y no hay ninguna prueba de que un niño que nunca duerme la siesta al aire libre esté en desventaja. Es una opción, no una norma.
Sin embargo, presenta ventajas concretas para algunas familias. Resuelve el problema del ruido doméstico durante la siesta. Permite que el padre o la madre permanezca fuera con un hermano mayor. Evita tener que entrar en casa con un niño dormido después de salir a pasear.
Si le atrae la idea, empiece poco a poco: veinte minutos en un balcón, con tiempo seco y suave, y manteniéndolo a la vista. Observe. Algunos niños duermen mejor y otros no. Es la misma lógica progresiva que se aplica a las primeras salidas, que describimos en nuestro artículo sobre las primeras salidas con un recién nacido.
¿Y al volver al interior?
El tiempo de vigilia que sigue a la siesta transcurre normalmente en el suelo. Ahí es donde se desarrolla lo esencial de la motricidad, y una superficie limpia, lavable y amortiguada facilita las cosas, sobre todo cuando se alternan los espacios exteriores e interiores.
Los criterios que distinguen un buen suelo de juego de uno malo se detallan en nuestra guía sobre las alfombras de espuma para bebés, material por material.
Para terminar, un aspecto estacional importante. En invierno, la circulación de los virus respiratorios sigue siendo el verdadero tema, mucho antes que la temperatura de la siesta. Lo tratamos en nuestro artículo sobre la prevención de la bronquiolitis.
Encontrará respuesta a otras preguntas prácticas en nuestras FAQs.
Fuentes
Tourula M. et al., «Infants sleeping outdoors in a northern winter climate: skin temperature and duration of sleep», Acta Paediatrica, 2010. Tourula M., «The childcare practice of children's daytime sleeping outdoors in the context of northern Finnish winter», tesis doctoral, Universidad de Oulu, 2011. Tourula M., Pölkki T., Isola A., «The Cultural Meaning of Children Sleeping Outdoors in Finnish Winter», Journal of Transcultural Nursing, 2013. Haute Autorité de Santé, recomendaciones sobre el sueño seguro del bebé.